miércoles, 16 de diciembre de 2015

Una Historia Realista





Le encantaba esa película. Sus personajes eran ratones antropomórficos, donde vivían una aventura que bien puede sucederle a cualquiera. Su protagonista era un ratón joven y parlanchín, por lo que era decidido y atento a cada detalle que le permitiera seguir avanzando en la trama. Era una gran película, y la emoción lo inundaba para darle esa llave mágica que permite entrar y salir de una obra de ficción al son del antojo. Colorida, optimista e incluso sabia. Dicha película contaba verdades, por eso le chocaba que no encajara tanto con la realidad.
En los días que vivía dominado por la película, intentó aplicar o encontrar sucesos similares. En la historia, el ratón tenía unos amigos imaginativos que se apuntaban a cualquier emoción planteada. Cuando intentaba hacer lo propio con su grupo de amigos, estos respondían con bromas ofensivas, y sin levantarse del asiento defendían su derecho a seguir jugando a videojuegos. Entonces se dejaba llevar por ellos para tener un fin de semana de tantos.
La familia del ratón heroico era tan astuta como él ─de alguien tenía que haber aprendido─, y cada vez que cometía un error, su padre se acercaba y le ponía la pata en el equivalente al hombro para decirle que no desesperara, que siguiera intentándolo. Tras la cuarta vez el ratón lo lograba, y la sonrisa de sus padres significaba un premio incluso para el espectador. Por su parte tenía cuidado de no cometer errores con su familia, puesto que una vez se le cayó un vaso de agua (justo como sucedía en una escena de la película) y su padre sólo añadió un “Mira que estás idiota. Colgado.”, apartándose para esquivar el charco, con la impresión que más bien se apartaba de su hijo.
Por sucesos así decidía pasar la tarde encerrado en su cuarto, escuchando discutir a las paredes con la voz de sus padres por nimiedades que no parecían existir en el mundo de la película. En ésta los padres también discutían, pero enseguida comprendían o un tercer personaje se entrometía para hacerles razonar. Todo terminaba con un beso. Hacía tiempo que no veía a sus padres besarse. De inmiscuirse él para arreglar un problema paternal acabaría peor a como se sentía. Las iniciativas no lo son todo.
Una de las escenas que más le gustaban era cuando uno de los personajes secundarios se siente abrumado por una dimensión que representa los miedos, en ese caso por lo abrumador que resulta el vacío. El protagonista es el único que no tiene miedos y entra para salvarlo. El amigo está encogido, abrazado a sus rodillas al verse rodeado de negrura absoluta y de una formas coloreadas con ojos, destacando uno entre violáceo y verdoso que lo mira de un modo tan fijo que mata. El personaje principal agarra el ojo y lo saca de su cuenca, descubriéndose que es plano, casi de cartón. Ríe y lo lanza, girando como un disco de juguete. El otro personaje observa y deja de tener miedo, colaborando en romper el atrezo del mal. Se marchan de allí hombro con hombro, riendo con tal fuerza que hasta el vacío retumba. Justo antes de salir del lugar, el protagonista gira un momento para observar la nada, detalle que ha especulado decenas de teorías por los foros de Internet. Él tenía la suya propia que no había compartido con nadie.
La ratona de la película era casi un gemelo del personaje principal, lo que indica que es su alma gemela desde la primera escena. Te pasas toda la película deseando que acaben juntos, jugando sucio los guionistas por las tretas que los separan y unen con tanta facilidad y en sólo dos horas. Una vez se sabe que sí acaban juntos, se agradece para centrarse en otros aspectos en los siguientes visionados. Él soñaba despierto con conocer una chica así, pero con las que lo había intentado solían ser frías, y si se mostraban alegres no lo escuchaban, sólo importaban ellas y su mundo. De ese modo había conseguido conocer otros grupos de amigos, pero le sucedía de llevarse bien con alguien que cae mal, lo que suponía una marginación automática. Hacía poco se había enterado en esos mismos grupos que lo consideraban homosexual, y fastidiaba descubrir que lo que dice el mundo que no les importa que haya gais sea mentira. A veces se planteaba si de verdad lo era, que por eso no tenía éxito con las chicas. Entonces recordaba la película y analizaba que no parecía un mundo con homosexualidad. O al menos uno donde de verdad no importaba.

Encerrado en su habitación, quiso olvidar la reciente noche. Había bebido demasiado, y eso le causó problemas con los demás, terminando en una pelea con una persona que le había cogido manía sin motivo. Ahora ya tenía motivos.
El corazón se le contrajo.
En la película había una escena de borrachera, pero era divertida. Incluso sucedía una pelea, pero terminaban riendo y tan amigos. Era como si fingieran, como buenos actores…
Comenzó a llorar. Aguantó el gemido para que nadie le escuchase. Aun así estaba convencido que a nadie le importaría, siquiera preguntarían alguna vez porqué lloraba esa noche. En la película… en la dichosa película el protagonista tiene una escena similar, y todo el mundo se vuelca en escucharle y apoyarle, en sacarle una sonrisa aunque no sea sincera.
Él no tenía ni eso. No había nadie conspirando contra él, lo reconocía, pero tampoco había nadie que quisiese ayudarlo. Nadie le estaba enseñando cómo se puede sobrevivir a la dureza de la vida, y cuando creía que sí con la película, que abraza y alaba lo hermoso de la existencia, descubría que también se mentía a sí misma.
Ahora que lo pensaba, es imposible que alguien no sienta miedo.
Entonces fue que muchos puntos comenzaron a tener sentido. La habitación, sus padres, su vida con los amigos… nada es lo que parece. ¿Por qué nadie le decía la verdad? ¿Por qué todo el mundo se refugia en más mentiras como películas, videojuegos o incluso puntos en común y costumbre con otras personas? Es como si se intentara recuperar la emoción que hubo al principio, la falsedad de la novedad que regresamos a buscar una y otra vez.
Una y otra vez.
De repente tuvo sentido el río que nace y marcha sin opción hacia el mar.
El vacío.
Tuvo sentido las cuerdas del almacén.
El baño.
El cajón de la cocina.
Lo tuvo los productos de limpieza.
Los medicamentos.
Las bolsas de plástico.
Esos camiones recorriendo de madrugada la autovía.
Las azoteas de los edificios.
Nada de eso aparecía en la película. Se olvidaba de esencias importantes en todo humano. Quizá no era tan buena película.

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