
Siempre le
resultó irónico que los científicos fuesen más cercanos a Dios
que los propios hombres de fe. ¿Acaso no eran ellos los de la
práctica? Lejos de teorías y oraciones, fascinados por igual por
las hojas en el viento bajo la luz del sol, con el aliciente de
querer alcanzarlo con inventos e ideas.
El
científico se limpió el sudor de la frente con la manga de la bata.
Tragó saliva como gesto contra su hallazgo.
No
significaba que el mundo fuese complejo. Era ver una calle –un
paseo con árboles– y su fascinación se desataba. Cuan complicado
elaborar a la madera para que obedezca a la luz. La mente humana lo
ve enredado, pero no tiene...