viernes, 11 de abril de 2014

El Arte de Usar y Tirar



Odio la palabra piscolabis. No es porque suene especial, diferente, única... o quizás sí, por lo que desentraña y pasaré a explicar más tarde. Lo que más rabia me da es por el pequeño trauma que me recuerda, surgido de un derivado que poco tiene que ver con la propia palabra aunque se le aplique igualmente.

Mi trauma surgió a partir de un pseudo-gafapaster que catalogaba libros en plan “aperitivo” o “plato fuerte”. Si me hubiese mirado en ese momento, se habría preguntado por mi cara de teleñeco, pero se limitó a seguir con su verborrea y “especiedeprepotenciaquenollegaperodalaimpresión” con respecto a sus gustos personales. No recuerdo de qué me habló, pues divagaba entre un infinito inventado y una realidad aparente, a causa de la impresión que ya no se me ha borrado sobre catalogar la cultura como si fuera algo de consumir... y poco más.
Pasado el tiempo me fui dando cuenta por varias webs de reseña que aquel caso no era único. “Este es un buen libro para pasar el rato”, “Como aperitivo a sus siguientes obras está bien” o “Para disfrutar en los momentos de baño”. Me impactó como todo el mundo de repente era vendedor o, más seguramente, se limitaba a repetir lo que habían oído o leído de anuncios.

Aquí llega mi impaciencia por el tema, ¿por qué tratar así a la cultura? ¿Usar y tirar? ¿En serio? ¿Así se trata ahora a la historia, la experiencia y la mente humana que no para de evolucionar? Comprendo que mucho arte se realice para el disfrute, pero si sólo es para eso... se pierde el sentido de arte y cultura. ¿Dónde quedaron las enseñanzas de los clásicos? Por lo que veo en ediciones de bolsillo para el metro y bus. ¿Por qué expresar en una obra? Para entretenerse hasta que mamá termine de hacer la comida. ¿Por qué compartir creaciones o incluso pensamientos? Para pasar el rato como una fugaz moda de un día de Internet.

Hace tiempo escribí sobre “Los Verdaderos Muertos Vivientes”, pero creo que estos se han quedado cortos frente a la generación que consume y tira todo lo que encuentra. Se llenan de basura y lógicamente acaban convirtiéndose en eso. Usan y tiran para acabar como eso mismo: personas de usar y tirar en conclusión de sus vidas. No me contradigo diciendo que algo de usar y tirar sea basura, no, pues ya digo que ahora hasta las mejores obras son tratadas así. Me refiero que esto ocurre porque es lo que creen, y creer es lo más poderoso que se puede hacer.

No puedo evitar esta negatividad, lo siento, es ver una de estas reseñas o simple comentario para imaginarme como consumen como papas del momento a Cervantes o Kubrick, como escuchan una sola vez a The Beatles, comentan la primera impresión y a otra cosa mientras se realiza el gesto de lanzar a la papelera. Hasta relatos de Stephen King, H.P. Lovecraft ¡o incluso Chejov! son abiertos de sus cascaras de pipa para consumir y olvidar. A la mente me viene el alcalde de la serie infantil de las Supernenas con su obsesión por comer pepinillos, pero de tal placer que abruma la diferencia abisal frente a la realidad de la cultura. El problema real es que no parecen llenarse de lo bueno que puede aportar cualquier autor, el que sea, que no parecen aprender o ver un atisbo del porqué creó y qué quería decir, qué quería que viéramos y, más importante, compartiéramos...


El método actual es muy en la onda de lo que se lleva, se aplica a todo y la nueva generación no lo ha podido ver de otra forma. Leer, ver pelis o jugar a videojuegos ya no aporta experiencia personal, si no social, para poder hablar entre los compañeros que se ha visto y qué no, para no quedarse atrás frente a todo lo que han jugado los demás y tú no. Surge un sentimiento de paria, cuando realmente es una tontería. Antes lo decía la tele, ahora lo dice la red, y así seguirá siendo mientras queden series de esas a imitar con cien capítulos o más, de los cuales sólo merece la pena ver cinco o seis.


Y por eso odio la palabra piscolabis.

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