
Estudió
toda su vida para arquitecto especializado en torres. Repasó toda
estructura que describían los libros y conoció en profundidad los
edificios del pueblo, pero las torres era lo que más le llamaba.
Quería alcanzar el cielo, quería domarlo siendo el primer hombre en
la lejanía, besar labios celestes y sucumbir a la majestuosidad de
lo que hubiese detrás y que tanto prometían los astrónomos con sus
largas vistas. Sería un reto, pero incluso la propia palabra torre
lo contiene: la estructura estaba destinada a existir.
Comenzó la construcción de la base al poco de licenciarse, sin
disfrutar de descanso o siquiera presumir de cualquier...