El desierto se presentaba vasto e infinito ante la presencia de las presencias. Esas entidades fabricadas por la conciencia a partir de lo real observaban mudos durante horas algún cambio en la tierra hasta hace poco fértil. Como cual extraña formula inversa de Sherlock Holmes se hallaban existiendo esperando preguntas que responder y guardando respuestas a las que enlazar preguntas.
Las conciencias se miraron cuando otra presencia ajena se acercaba, una de pelos blancos y alborotados que hablaba para sí mismo más que la media (al menos para nuestra media), silenciosos ecos que se dejaban sonar gracias a la nueva condición de la realidad. Sin decir nada preguntó de nuevo la estancia allí de esos cuatro sonidos con forma que poco o nada habían aportado a la humanidad. Estos no dijeron nada,...