viernes, 24 de octubre de 2014

Los Nuevos Pecados Capitales del Siglo XXI



La era actual es un constante cambio como nunca se había visto en otra época. Todo evoluciona y se adapta, y conceptos como los pecados capitales no iban a ser menos:


–Consumismo (El Alma se sabe Engañada): A mitad de precio aunque no sepas ni qué es. Nunca es suficiente, hay que llenar el hueco que hay en nuestro interior con novedades, la moda y productos a la última. El sesgo cognitivo (la necesidad y emoción inicial) dura el camino de vuelta a casa. Tampoco es que debas deshacerte de ello, que por algo lo compraste, además de que lo notarías en falta. Es vital por el hecho de existir y, sobretodo, porque tú eres su dueño.

–New Frikismo (Nuevo Concepto del Tiempo): Todo al alcance de la mano, tanto el placer como la evasión. ¿Tienes problemas y responsabilidades? Pues no son problema si puedes pasar los días delante del ordenador gracias al catálogo infinito de series, películas y videojuegos que el arte tiene a tu predisposición. Snacks a mano, cenicero y una cuadrilla de amigos es suficiente para las horas de visionado y discusión que genera éste pecado.

–Deshonra (Ensanchando los Límites de la Carne y la Imaginación): La dignidad es historia desde que se inventaron los placeres alternativos y los extremos, nacidos de la necesidad y la búsqueda por emociones nuevas a partir del desgaste de las corrientes. Todo el mundo tiene un precio, y agachar es la única vía posible de alcanzar ciertas metas específicas que ni las máquinas podrán lograr. Los sucedáneos son efectivos en lo que dura “un después”, erosionando la paciencia que optará por acabar buscando lo real o la cárcel. Óvalos alargados con pinchos dan nuevos sentidos; orejas de animal adaptables o personajes ficticios se unen a la carnicería orgiástica donde sólo triunfa el más original y deshonrado.

–Ego Altivo (Invitado por Sorpresa): No puedes ser menos, y sabemos que no hay otra forma mejor para que te recuerden cuando eres el que pagas las copas. Como tienes; posees, y no hay límite con un disparo de tarjeta cargada. Tu porte elegante de marca, tu actitud aprendida a base de ir siempre con la cabeza en alto por el escaparate de la vida, la locura oculta porque te tengan en cuentan a la hora de cualquier decisión... son placeres que pocos saben apreciar. Paga la cena de esta noche y deja que lo demás siga fluyendo hasta el siguiente lugar que visitar en buena compañía.

–Ego Pasivo (Carcomido por la no-Culpa): Eres famoso de un modo del que no tienes ni idea a qué nivel. Creas la moda que no hay que seguir por el simple hecho de cometer un pequeño error que por aburrimiento –o no– se tuvo en cuenta. El resto fue golpearlo sin querer para que se deslizara y se fuera convirtiendo en una bola creciente hasta el día de hoy. Tu ego es tal que sólo lo tienen en cuenta los demás, y serás enaltecido en aspectos imposibles –incluso para otra personas– a una infamia que convierte la bilis en un negro puro que te hará plantear si es mejor ahorcarte tú con tus propias tripas o mejor que sea a ellos. Hagas lo que hagas serás el mal, y un juicio sorpresa te sentenciará mientras tu mente termina de morir por la incomprensión de no saber qué hiciste mal; hasta en eso serás condenado, puesto que la ignorancia no debería ser excusa.
(El aburrimiento de los enemigos nunca se tuvo en cuenta como pecado capital, pero se puede englobar aquí como el octavo o noveno debido a los crecientes límites que está alcanzando la humanidad).

–Facebookmanía (Chatarrero Virtual): Nunca hay contactos ni amigos ni etiqueta de Spam suficientes que te logren detener. Hay que crear un blog por cada tema que se te ocurra, para así seguir a todo usuario posible y obligarlo a que haga lo propio contigo. ¡Es importante que sepan más sobre los gases que emiten las vacas!
Tener mil amigos en la página web del momento es tan valioso como tenerlos en la vida real, y es una potencia que eleva la probabilidad de clicks sobre los enlaces deseados. Para ti la vida son matemáticas y las personas son números, por lo que a mayor número, más operaciones y cálculos pueden surgir para que el planeta entero termine leyendo tu webcómic.

–Envidia (Vieja Gloria): Es tal la esencia de éste pecado que define al ser humano que ni sabe cambiar. Busca en Google para más información.

–Tensado (Espíritu de Demostración): Siempre en tensión, al límite, los dientes desgastados de tanto apretar, la mirada desorbitada y los músculos marcando venas. Te intentas demostrar (les intentas demostrar) de lo que eres capaz y que no hay límites. Te enfurece el mínimo detalle de error o incluso el pequeño comentario de un niño, por lo que después de escupir veneno contra esa persona que tiene tu rostro cual espejo, vuelves a tu base de operaciones a seguir practicando y mejorando, a inyectarte fuerzas que demuestren al mundo los nuevos límites del cuerpo y la mente humana; la estupidez y el descontrol de una especie.

lunes, 20 de octubre de 2014

Seguimos Siendo Niños que Juegan



"Escuchamos una y otra vez la misma flauta en un crío por la calle o en casa y no tardamos en mandarlo a paseo, pero es oírlo en una canción por la radio y se convierte en un éxito".

Y no es difícil con un par de trucos de marketing predispuestos a violar a la música. En nuestra cabeza aún resuena el eco de la infancia. Las canciones infantiles nos son enseñadas en la tonalidad del Do Mayor, y si se hace lo propio con un tema actual obtenemos una aceptación inicial, un resultado de tema sencillo que se recuerda con facilidad –lo que no significa que sea un tema de calidad–. Nuestras mentes tienen aún conceptos infantiles que no deberían ser llamados así, sino más bien con un término que defina un aspecto de la mente. Y es que, después de todo, seguimos siendo niños jugando.

Seguimos efectuando los mismos juegos pero con otro nombre y aspecto. De niños corremos por diversión, de adultos por competición. Las peleas no iban más allá de moratones y sustos, pero de adultos surgen riesgos. Robábamos cromos, y eso fue en aumento hasta un bolsillo repleto de billetes. Efectuamos aún el cometido de seguir aprendiendo y aplicarlo, de intentar demostrar a los que nos parecen más inteligentes de lo que somos capaces. De ver televisión o similar hasta la saciedad con programas que ya creemos entender mejor. De reírnos del prójimo; primero con sinceridad, después con lo que llamamos bromas. De aprovecharnos del más débil o de quienes tienen sin que fuera penado en aquellos primeros días de nuestras lógicas.

No nos engañemos, aún tenemos comportamientos de cuando críos, y se puede comprobar si nunca hemos practicado el dibujo. Muchos adultos siguen dibujando las casas y los animales de la misma forma que lo hacían en el colegio. Si eso es así, imaginad a cuántos aspectos más de nuestra personalidad se le puede aplicar el mismo principio. Se puede notar en la manera que tenemos de defendernos o evadirnos y de afrontar el miedo. Las manías y costumbres de niño pueden definir también nuestra vida adulta.

Los juegos de adulto son iguales pero añadiendo responsabilidades y riesgos. Un niño, si juega a las cartas, no se complica en apariencia y apuesta un aspecto que le es vital aunque no sepa que no es tanto que así, pues es él quien le ha dado ese valor. Un adulto complica el juego de las cartas y se apuesta algo de lo que sí es consciente que necesita. Con tal que los demás no ganen, el niño hace trampas o incluso se engaña a sí mismo al creer que los demás también se verán afectados. Un adulto va más allá y se lo pone más difícil a los demás al haber aprendido reglas del juego que no están al alcance de todos.
A nivel empresarial competimos como en un juego para ver cuál es la empresa que más beneficios obtiene. Toda organización se basa en las mismas reglas, pero sólo las más astutas sabrán modificar o ignorar las reglas a su favor, de adelantar a las demás como si aún nos estuviese esperando el profesor con el aprobado en la mano. De igual forma se aplica a los deportes, artistas, empleados en plantilla... y es que para todo nos enseñan a competir como si no hubiese alternativa, cuando mas bien cada uno pasa por la vida hasta el final con sus propios métodos. Se puede observar en un grupo de amigos, cada uno con su estilo, forma de pensar, manías y profesiones (de tenerlas) que, hagan lo que hagan y por mucho que digan del estilo de los demás, todos llegarán al mismo punto y habrán vivido la vida por igual según sus preferencias, sin por ello competir hasta dejar de ser persona.

Surge la duda si es acaso cosa de los niños que imitan lo que ven, de querer ser mayores cuanto antes. Creo que un poco de cada, porque después de todo hay adultos que tienen influencias y ejemplos que idolatran y de los que aprenden como con los hermanos mayores.


En resumen: seguimos jugando. Solo que si pierdes, pierdes de verdad.

domingo, 5 de octubre de 2014

Carta de un Derrotista


Abandono. Mi desanimo surge porque no quiero pensar cuánto tiempo llevo en paro. Llegó un punto en que dejé de contar, y creo que por el bien de mi cordura no debo hacerlo.

A todo esto, ¿por qué todo lo definimos con arriba y abajo?

No sé cuántos cursos he hecho desde entonces, ni por qué algunos han durado hasta medio año, realizando dos de ellos que han significado un año completo donde aprendí otra vez a madrugar y organizarme, cosa que agradecí. Al mes de acabar, vuelta a empezar con la más absoluta nada.

Nada.

Mi desolación no la quiero exagerar, es demasiado real y ya me canso. Recuerdo el tiempo cuando me apunté absolutamente a todas las webs de búsqueda de empleo posible. No olvido la ilusión con que rellené todos los mismos datos de ingreso una y otra, una y otra vez... hasta que llegó un punto semanas después que me sentí tan agobiado por la monotonía que me detuve. Juro que creía que iba a explotar del agobio de repetir mis datos en cada esquina. Ésto conllevó a que hoy día mi correo siga lleno de ofertas donde nunca me llaman. Organizo la bandeja para que muestre sólo las confirmaciones donde me he inscrito en una oferta y me abruma saber que de entre todas esas páginas (sí, páginas), sólo me llegaron a llamar de un par de sitios donde ni pasé la entrevista.
El tema físico es similar, y juro que no miento que habré dado en mano cientos de currículums. En un época llegué incluso a adelgazar de la cantidad que di de estos papeles que hablan de uno con tanta precisión. Apenas otro par de lugares se acordaron de mí, donde tampoco llegué a conocer a fondo sus instalaciones. La ironía surgió cuando encontré un trabajillo temporal a partir de una amiga a la que sí llamaron de uno de estos sitios de Internet. ¿Tanto insisten las leyes de la naturaleza que la única forma de curro es con contactos? ¿Para qué entonces tanta parida de rellenar datos y apuntarte a sitios de los que sólo sacas spam para tu buzón?
Si yo, que con un Grado Medio me es difícil, ¿qué sucede entonces con quienes tienen menos titulación? Dicen que la “titulitis” no aporta tanto como parece, pero peor es no tener; o algo de eso me han dicho.
Me dan ganas de quemar la toalla cuando analizo el caso de un amigo cercano que, aun teniendo una titulación envidiable y ser todo un ejemplo como persona, ha acabado en un trabajo que no le hace justicia. Ahí tiene el puesto y le ayudará a sobrevivir, claro que sí, pero qué injusto me parece ver tantos talentos malgastados en el lugar equivocado. Los años de estudio se resumen con un punto del que se desea que sea "y aparte" y no "final".

Recuerdo cuando niño que veía el futuro de otra manera; iluso, pero de otra forma. Conforme crecí las visiones se volvieron más maduras y lógicas, acordes a imitar a nuestros padres que no conocen otra cosa aparte del trabajo (y eso ha arraigado su forma de pensar, costando más que comprendan que si no trabajo no es porque no quiera).
Te sacabas los estudios y de repente encontrabas curro. Terminabas y enseguida encontrabas otro; así me sucedió. Ahora me resulta una época tan extraña que aún no asimilo cómo, de un año a otro, ya no era tan fácil buscarse la vida. Fue abrupto como un puñetazo, restregada una nueva realidad con la que no contabas aun teniendo planes B en la recámara. Y de igual forma repentina el futuro se tornó negro. Juro que he estado un tiempo sin poder imaginar mi propio futuro, tan fácil que me resultaba. Veía negro, literal, la verdadera negrura cada vez que pensaba que sería de mí mañana.
Hoy en día he llenado ese hueco, pero con pensamientos como cuando niño, tan ilusos pero de los que no te puedes reír porque nadie tiene derecho a reírse de un sueño. Asumo que me va a ir bien escribiendo o siendo músico y acróbata –que sé yo– aun consciente de que eso sí es más difícil que encontrar un trabajo básico.
Y aquí sigo soñando como un idiota y como único apoyo; me parece increíble la de transformaciones que puede sufrir una persona en según qué circunstancias.

Y me he sentido culpable, vaya que sí, y me he hundido cada vez que los demás pensaban que no me movía lo suficiente. Me daba (y me da) la risa cuando alguien dice que le parece increíble que aun echando diez o veinte currículums no lo hayan llamado (¡Diez o veinte! ¡Y le parece mucho!). Me sigue doliendo que aun sufriendo se me añada más peso por culpa del ambiente de pesimismo que se ha generado en la gente de a pie. No sé si alguien recuerda cómo estaban los ánimos antes de toda esta movida, pero recuerdo que habían más risas y menos discusiones con gente que ni te esperabas. Descubres que si tienes trabajo o no influye la forma en que se te dirigen los demás –quien sea–, queriendo romper crismas cuando alguien cercano te trata como alguien con dignidad durante los meses que dura un contrato, como si también hubieses firmado con él algún acuerdo.
Y no puedo evitar sentirme culpable, ¿por qué? ¿Qué he hecho mal? Hice lo que me pidieron: estudié y encontré trabajo hasta que no hubo. Pero si un día ya no hay nada de eso, ¿qué hago?
Sigo buscando, pero hay una losa en mí que ya ni me hace pensar con claridad. Si antes recorría un polígono industrial entero, ahora me hago medio y gracias. Incluso a veces hablaba animado con quienes me recibían, ahora sólo soy un número más de ese archivador lleno de currículums, una cara triste que ahuyenta sus ganas de llamarme.
Me he rendido y me jode mucho que nadie haya presenciado toda la lucha que he tenido. Quedo como un parásito de mis padres y la sociedad; como un vago culpable de no levantar un país que no contó conmigo; como alguien sin voluntad a pesar que una vez tuve la reserva llena y que ya no sé cómo llenar… a veces pienso que el enemigo también está entre la gente llana y no sólo entre los gobernantes. La última vez que me elogiaron fue por interés; entonces supe que me habían robaron la dignidad sin darme cuenta.

La situación de la que dicen que está éste país me recuerda a los inicios de la revolución francesa, donde la reina Maria Antonieta fue informada de que sus súbditos no tenían qué comer, a lo que ella respondió: Que coman tarta.
“Que coman tarta”, me repetí con indignación la primera vez que lo escuché o leí. Eso nos habla de la ignorancia general de los de arriba porque quieren. No son tontos, pero sí ignorantes para lo que nunca han conocido con esa mala suerte de nacer entre almohadas de seda. Pero en su defensa diré que imagino el peso y responsabilidad de ir día a día siendo consciente de la cantidad de gente que debería comer tarta y que no puede; o eso quiero creer.
Los de arriba no pueden ni imaginar qué es vivir día a día dentro de alguien hueco que se vació sin saber cómo; y no les culpo. Hay impotencia por ambas partes, tanto ricos como pobres, pero los de arriba sí tienen una suerte que nosotros, siendo realistas, no vamos a tener jamás. Ni Podemos, ni Queremos, ni Cristo: jamás.

En fin, de mientras seguiremos a ver si superamos el récord de suicidios en comparación a otros países con el mismo problema. Insisto, ¿por qué todo lo definimos con arriba y abajo?

jueves, 2 de octubre de 2014

El Encanto de la Psicopatía




+18 Este artículo no es apto para sensibles. Advertido queda. +18


Hace tiempo descubrí un proyecto musical que realiza lo conocido como "Breakcore", un estilo de electrónica anterior al Dubstep que no llegó a moda a pesar de ser de mismos ritmos rotos pero sazonado con melodías inquietantes y experimentaciones más arriesgadas.

En eso que descubrí un vídeo no apto para sensibles:



En aquel momento, más inocente e ingenuo de mí, quedé perplejo después del visionado, y tras evaluar con calma llegué a la conclusión de que no me había disgustado. Si había que reconocer mérito, el vídeo y la música lo lograban, pues hicieron que creyera en una historia a pesar de la falta de letra o idea previa; con sólo un título mi imaginación se dejó llevar.
Con el tiempo uno va descubriendo que éste videoclip se queda corto en comparación a clásicos de la música “violenta” como lo son los Cannibal Corpse y su “Fucked with a Knife” (Jodido/a con un cuchillo), tema que tiene sus miles de reproducciones en Last.fm junto a otras canciones hermanas de títulos igual de explícitos. Entonces llega el Grindcore, pero eso ya es otra historia.
A lo que vengo a decir, ¿es el tema de los asesinatos y la violencia extrema algo que nos pueda atraer por naturaleza? Si uno es humano con un mínimo de sensibilidad, repudia y juzga estos actos, ¿pero por qué no podemos negar ver una buena película de terror sangriento o leer un buen libro donde el psicópata se sale con la suya de forma creativa y cruenta?

El cine está lleno del género psicópata con películas como Hostel o Human Centipede (aborrecible) por citar sólo dos entre mil, pero en comparación a la literatura se queda corto.
En la literatura hay una regla no escrita sobre que a la hora de tratar una temática o describir escenas no hay límites. En los libros está permitido todo, habiendo títulos donde escenas explicitas son descritas como si nada, dejando al lector la última palabra.
Mientras que el cine es censurado, criticado o manipulado para crear polémica/publicidad, la literatura campa a sus anchas; y nos gusta. Salvo en Estados Unidos que siempre andan traumatizados, en muchos países se publican libros sobre asesinos y sus desventuras, incluso narrando sus experiencias en primera persona. Como ejemplo tenemos American Psycho, libro que más allá de lo explicito poco más nos puede aportar, aunque, claro, peor ejemplo son las recientes 50 Sombras de Grey y su sadomaso, cuento de niños en comparación a lo que llegó a escribir el Marqués de Sade y su obsesión por describir vejaciones de forma gratuita tras una trama sobre la naturaleza humana y su concepto del bien y el mal.
Es tal la cantidad de obras escritas con temas “delicados” que sería imposible leer todas, siendo facilitado el trabajo por listas especializadas como las que se pueden encontrar en Goodreads.

Hoy en día con esto de Internet tenemos a mano cualquier cosa que podamos imaginar y de una forma gratuita. El acceso al lado oscuro de la mente puede estar a unos clicks de distancia si uno se sabe mover por las páginas adecuadas. Leyendas urbanas giran entorno a algunas webs, donde muchas son reales o basadas en. Páginas dedicadas a asesinos no hay pocas, siendo casi todas bastante directas con fotos reales. Se dice que hay una red snuff, pero imagino que los más cercano son las webs de este tipo, no siendo inviable encontrar vídeos que prometen que su contenido trata sobre un suicidio real aunque se note la croma. Sin embargo puede quedar la duda con alguno de ellos... y eso estimula la imaginación.
En lo referente a dibujos y arte gráfico en general nos topamos con otro caso similar al de la literatura: sin límites y a su gusto. Galerías enteras de imágenes sobre el tema que puedas imaginar existen, pudiendo hallar webs especializadas que funcionan con etiquetas específicas como asfixia (incluyendo gente ahorcada o estrangulada en pleno acto), mutilación, bestialismo (humanoides animales (Furry) o incluso monstruos violando), tortura, violación, asesinato, humillación pasada de rosca y mil fetiches más como gigantismo (y su contrario), vore (devorar), miembros múltiples, cambio de sexo (Gender Bender) o de edad espontáneo, desproporción, mutantes, penetración a pechos o penes, muertos... Ríete tú de dónde quedó la zoofilia.
La mayoría de éstas temáticas son tratadas por japoneses, siendo curioso por la represión sexual que suele poseer éste país (o eso dicen los tópicos). Es como si contenerse produjera una necesidad de escapar por otro lado, resultando más intenso cuanta más represión haya. Deducimos que tal liberación permite crear un equilibrio.
Recordemos que todo ésto es dibujado, nada más allá de la ficción (hay que insistir en recordarlo), pero da que pensar al ver la gran cantidad de usuarios y dibujos sobre cada temática, no resultando extraño a la naturaleza humana como se puede pensar en un primer momento.
En resumidas: todos tenemos nuestras manías sexuales. Aunque esto no tiene por qué ser así necesariamente, es sólo una cuestión de gustos, y tras conocer a la mayoría de esos usuarios descubrimos que son gente sana bastante cuerda.

He ahí que surge mi reflexión sobre el tema. Hace poco traté con unos amigos sobre segundas y mensajes escondidos en dibujos animados que sólo un adulto comprendería. Se llegó a la conclusión que la mayoría de personas atraídas por estos temas suelen ser corrientes. Es una inversa que no tiene el porqué implicar nada. De ser así, los libros best-seller de Stephen King o Thomas Harris habrían acabado con la humanidad desde hace tiempo.
Que te fascine lo macabro o lo gore no significa nada, son gustos entre tantos, y eso habla bien porque sabes diferenciar realidad y ficción para ubicar el límite. De no ser así sería imposible apreciar las obras de Hitchcock y comprender su éxito, de cómo lograba arte a partir de unos asesinatos ficticios.

Extrapolar a la realidad es cuando viene el problema, y casos como los de algunos videojuegos, los juegos de rol o de incidentes en institutos nos hablan más de un problema en la persona que realiza el acto y no con lo que consuman, gusten o aficionan. La mayoría de psicólogos lo dicen, pero los medios parecen más centrados en lo que tengan que decir una minoría o cierta asociación de padres porque es lo que vende y da el morbo generador de dinero. “De satánico a rolero”, como aquel que dice.



Apoyo lo extremo siempre y cuando cuente una historia que exprese o con la que se pueda recapacitar. Si no es así, tampoco pasa nada. Después de todo el arte es libre; y ser libre significa ser humano.

jueves, 11 de septiembre de 2014

La Imaginación Contaminada



Uno de los consejos más comunes que se le da a un artista es que palpe, huela, lama, observe hasta sangrar; en definitiva, que sienta, que viva antes de ponerse a crear. He ahí que comienzo a darle vueltas (una vez más) y deduzco: ¿es aplicable a los artistas de hoy en día?

Me explico.

En nuestro presente estamos rodeados de facilidades y maestros al alcance de la mano como antes no se podía soñar; imposible tener queja de este punto. El problema surge que a la hora de imaginar ya no se haga de la misma forma tan realista de antaño. Mi suposición deriva en saber cómo es y ha sido el proceso de “corrupción” de la imaginación a partir de las modas globales de nuestros medios actuales.
En la época sin televisores, móviles o Internet se imaginaba de una forma más “clara” o limpia. Si a uno le contaban el cuento de Caperucita Roja, no estaba contaminado por el imaginario popular que podamos tener cada uno bajo la influencia de las modas, pensamientos y adaptaciones actuales. Antes no se tenían aparatos que desprendían energías y sensaciones artificiales, por lo que –me apuesto un dedo– eran capaces de imaginar con facilidad y más perfección el bosque donde se adentraba la niña, con detalles automáticos como la humedad que reinaba alrededor junto a esos tonos oscuros que precedieron a la bombilla.
Una buena forma de entenderlo es cuando vemos la película antes que leer el libro. Si nos animamos a leer la obra original, es inevitable tropezarse con la imagen que la película nos dio, rompiendo el deseo del autor y/o la percepción original –sobretodo en estética– que se pretendía. Incluso los habituales cambios de trama y detalles podrían chocarnos más en la obra original que en la adaptación.
Es una maravilla la libre interpretación de cada uno, y al quedar la imaginación prefijada se pierde gran parte de la personalidad que podemos darle a una creación ajena. Es como condicionarse por una opinión o actitud ajena hasta el punto de tomarla al pie de la letra sin tener en cuenta nuestra forma de ser. Deducimos que, no pudiendo aplicar de otro modo la idea real que podría tener para nuestra mente la obra en cuestión, no obtenemos la esencia original de las cosas.

Me llevo a pensar/temer por la creciente dificultad que será lograr que una obra evoque una experiencia o emoción cercana a lo real. Lo que para otros era “más fácil” en su momento, a nosotros nos resultará casi imposible. Es difícil querer escribir una historia seria si imaginamos a los personajes como en un manga, o pretender dibujar realismo si sólo conocemos la caricatura. No critico a estos estilos, ni mucho menos, sólo destaco su enorme influencia en la nueva generación de artistas. Se nota más en los medios que necesitan de lo mental más que del ojo, donde lograr una imagen viva de la situación y momento de la historia resultará poco convincente si se tiene un mínimo de conocimiento y de percepción real sobre el mundo.
Encima la saturación de datos por doquier no ayuda; mucho menos a terminar de definirnos como artistas. A ésto me refiero por la nueva oleada de creaciones como novelas, cómics y series donde se nota la clara influencia japonesa (entre otras) por exagerar detalles y matices. Lo medieval se convierte en armaduras imposibles y poderes sobrenaturales más que en lo histórico, como si el ejemplo de Juego de Tronos no lograra de terminar de influir en la manera de hacer una buena historia muy real a pesar de los toques de fantasía que para nada entorpecen, si no que complementan hasta el punto de creerlos. En el momento que un personaje lance rayos por la boca se notará la diferencia de la que hablo.

Os puedo asegurar que alguien que se ha criado con muchos dibujos animados le será difícil imaginar de otra forma. ¿Qué sucede entonces si se pone a escribir una novela, por ejemplo, policíaca? Las crueldades de un asesino, lo inquietante de un callejón apartado en mala zona o lo impactante de una escena del crimen se ven reducidas debido a que dicho autor ha visto mermado su realismo por lo artificial que lo ha alimentado. A Crepúsculo me remito para comprender cómo se puede corromper un género.
Me remito de nuevo a la diferencia que se observa en los artistas vivos de generaciones más alejadas. Su mente es más realista a la hora de crear, no permiten que los pies se eleven demasiado alto con tal de lograr la credulidad por la que tanto se busca en la ficción. Para ellos el cuento de la Caperucita está hecho de otra forma, incorruptible por memes (idioma universal actual que nunca viene a cuento), perversiones Hentai o incluso sentidos filosóficos como los que presumió Matrix en su momento. Siento las comparaciones, pero es para poder dejar más claro qué es lo que pretendo expresar y discutir.
Como ejemplo, imaginad la historia del Hombre Invisible de Wells donde, en lugar de un único hombre invisible como fantasma, hubiese habido un ejercito de ellos con intención de gobernar el mundo. Qué diferente y vulgar hubiese sido tal clásico, ¿no?


Mi conclusión. Un creador es alguien que se basa en la realidad, que intenta acercase lo más que pueda a esa magia, un asunto difícil si desde niño estamos siendo “contaminados”. Además, el estilo de vida imposibilita a veces la salida de la ciudad, donde me juego otro dedo a qué muchos jamás conocerán el mundo más allá de los edificios, tan necesario para la creatividad el disfrutar de lugares y personas nuevas. Teniendo todo al alcance y las ventanas de Internet que muestran la otra punta del mundo, no nace la necesidad y curiosidad muy natural por explorar; necesidad que cada vez lo será menos.

jueves, 31 de julio de 2014

Carta Abierta de un Friki



Hace tiempo que no escribo un artículo de crítica, pero me he visto forzado a partir de una conversación de Facebook que leí donde dos personas discutían sobre un videojuego. El debate era tomado muy en serio, de un modo como nadie sería capaz de hacerlo sobre política en la televisión.
No es raro encontrar muros de textos en blogs y foros que defienden una película o los propios gustos como si la vida dependiera de ello, con veces de tal nivel de énfasis que asusta.
Me ha parecido exagerado el asunto porque, al destriparse la naturaleza de la conversación, se comprueba lo banal y estúpido que es gastar tantas energías y tiempo sobre el trasfondo de un producto que está ahí para entretener y/o consumir. Con sinceridad, estas cosas hacen que me canse de ser lo que llaman “friki”, apelativo que nadie escoge pero que en teoría se enarbola con orgullo.
¿De verdad tanto merecen nuestros favoritos? Comprendo la identidad propia y el sentirse orgulloso por lo que se es, pero es que ni en la antigua Grecia con los primeros filósofos había tal cantidad y uso de razonamientos y defensas como tenemos ahora con en la Red. Aunque ellos al menos discutían por asuntos que definieron al mundo occidental, todo lo contrario que creo pueda conseguir Breaking Bad.


El primer encuentro con lo propio del gremio fue en el primer Salón del Manga de Barcelona al que acudí. Se presentaba la película de Card Captor Sakura y había una euforia un poco intensa. La proyección era en la planta de arriba, y a lo lejos se podían ver las escaleras tan abarrotadas que hubo temor que por el peso cedieran y ocurriera una desgracia muy seria de la que nadie parecía ser consciente salvo la organización. La megafonía pidió que por favor se alejaran para crear una cola ordenada, que “la dichosa Sakurita” podía esperar. Ahí es cuando percibes un tono de algo anegado que rodea a la tribu urbana.
En ese mismo Salón habían varios carteles defendiendo “El Manga no es peligroso, la ignorancia sí”, en defensa de las duras críticas que el mercado sufría hasta que pudo hacerse el hueco que tiene hoy día, bastante sobrecargado de productos. No puedo evitar plantearme qué sucedería si se usara esa motivación de defender lo que se gusta en cosas más productivas o necesarias, importantes de verdad más allá de la pronunciación correcta del personaje adorable de turno.

El siguiente punto es la bien conocida pasión de los fans por los autores. La mayoría de creadores se dejan llevar o disimulan mientras puedan conseguir un mínimo que comer, pero otros autores no se callan. George R. Martin es conocido por soltar indirectas a sus propios lectores (quizás más a los espectadores de la serie), alegando que le cansa que le acusen de mata-personajes sin fundamento, como si eso afectara a su vida, cuando él es el autor y hace lo que le viene en gana, que para eso lo que venden son sus ideas, estilo y experiencia.
Me pongo en su lugar y debe de ser muy enervante leer en cada esquina de Internet acusaciones e insultos porque sí, sólo porque el fan medio no está satisfecho con algún aspecto en concreto. Primero que el autor no trabaja al servicio directo con el consumidor de sus historias, y segundo que es un ser humano como todos los que pisan el mundo, y también tiene sus necesidades más allá de estar horas y horas trabajando en algo que, en un principio, ilusiona para que luego te aplasten como si todo esfuerzo y cariño invertido no sirvieran de nada. Las críticas son bienvenidas puesto que ayudan a mejorar, pero la típica conducta negativa del mundillo ante todo lo reseñable es abundante y puede acabar con la paciencia de hasta el mejor autor.
En mi opinión, este comportamiento general hacia un creador es más una conducta tópica, un dejarse llevar más que un sentimiento real y sincero; incluso puede que para llamar la atención y/o sentirse integrado frente a otros críticos de la obra, sin pensar o sentir lo que se está diciendo en verdad. Si aprecias a alguien, se lo dices, le das los motivos y, siempre con educación de ser humano, le dices qué puntos no te han gustado. Como no hay tiempo para que cada uno le diga lo que piensa a un autor en persona (es increíble, pero también tienen tiempo que invertir), se lo dejas en su página web que, se crea o no, también tienen Internet y saben leer. Además, las editoriales y productoras ven el potencial de la red de redes y lo aprovechan. Hay autores que encantados, y otros ya contratan al becario de turno. Pero lo que tiene que quedar claro es que no han nacido para nadie salvo para ellos mismos, y si el gordo quiere matar a Tyrion, bien que hará porque así sentirá que debe de ser.
Por otro lado recuerdo que Matt Groening también soltó su indirecta en un episodio de Los Simpson, donde con un tono de ironía aseguraba que habrían autógrafos para todos, además que quien quisiera podía tocarle la barba, la cual se dice que da suerte.

Otro punto que me hace ver que la invasión friki se desató y ya no tiene retorno es cuando uno va al cine a ver una película de animación. Hoy día en la sala hay más adultos que niños. No sé si me equivocaré, pero siento como si este mundillo no permitiera hacer crecer a la persona. Está bien mantener al niño interior vivo, pero que se involucre con tu vida diaria es el problema, y siento que es así por la conducta que he llegado a ver.
Muchos hacen de su afición su modo de vida hasta el último segundo, imitando comportamientos de dibujo animado japonés o pronunciando expresiones que ni un Treakie hardcore o Sheldon sabrían decirte. En los colegios son los marginados, y ya no sé si es por la ineptitud social que suele suceder al criarse con demasiados cómics o porque en el fondo les da igual al creerse que van a ser como el héroe que al final todo el mundo da la razón. Cuando se tiene quince años no es raro pensar éso, el problema es cuando lo veo en gente que ya roza los treinta.
No exagero si digo que el mayor número de “bichos raros” y anti-sociales los he encontrado en estos lares. Siempre hay uno en la tienda de turno, un grupillo o el típico que se acopla en los eventos y aglomeraciones. Todos conocemos alguno/s. Puedo dar ejemplos rápidos de un tipo haciendo el cuervo más de media hora a pleno sol de una calle o de otro que hablaba solo mientras dibujaba formas en el aire. Pero es mejor que miréis Youtube, que está plagado; empezando por los de Yu-Gi-Oh! hasta terminar en los de My Little Pony.

Por otro lado, a los eventos se va a consumir y decir tonterías de la moda/meme de turno, lugares para promocionar y gastar dinero en más merchandising por acumular en el cuarto sin un objetivo claro, arrepintiéndose una vez se llega a casa cuando la cabeza comienza a entrar en frío.
Reconozco tener vergüenza ajena las veces que vuelvo al evento de turno. No me identifico (ni lo deseo) con la tribu que rinde culto a mundos creativos. Mi forma de rezar se basa en saber ver el esfuerzo y fondo que quiso expresar su creador en la obra por la que me esté dando en ese momento. No hay cosa que llene más a un autor (aparte del aspecto financiero, por supuesto).
¿Qué necesidad de tener todo producto de una obra de ficción? ¿De verdad va a gustarte menos un personaje si no tienes su muñeco? Un problema real puede surgir de la enorme cantidad de dinero invertido a la larga en cosas que poco cultivan, o que sirvan en lo general, a una persona. Los gastos son a veces más exagerados de lo que parecen (que el friki medio haga la prueba y sume el precio de todo lo que posee), y cuesta vivir en una sociedad donde con poco se plantean cualquier rasgo. Uno puede tener la casa llena de libros y discos de música que nadie señalará, sin embargo es tener videojuegos y muñecos que ya serás la comidilla de las conversaciones de cuando llegues tarde. Es injusto, pero uno se cansa y en algunos puntos da la razón al supuesto enemigo (otaku medio, ¿has pensado que las críticas de tus padres en realidad lo que desean es ayudar?).
Surge el tema de la nueva generación friki de padres. Se llevarán la sorpresa cuando su hijo muestre odiar los gustos raros de sus padres, que es lo que suele suceder, puesto que un hijo existe para contradecir a sus creadores, lo lleva en la naturaleza. Si consigue asimilarlo, lo verá como una curiosidad y lo comentará por ahí, pero para nada será el friki de sus sueños, porque encima éste mundo no para de renovarse y sólo las obras más clásicas se mantienen vivas. Es una leyenda urbana lo del chiquillo llamado “Naruto García”, pero de ser verdad pienso que los padres han actuado bastante mal. Creo que ese es uno de los puntos más negativos de ser fan, la insistencia egoísta de convertir el alrededor en lo que nos gusta, imitar una especie de trauma psicológico cuando en realidad no se tiene.

Tampoco penséis que de una cosa se va a otra, a ganar y mejorar como persona porque después de todo esto es cultura. Sí, es cultura y arte, pero la cosa se queda ahí, porque es un ciclo de “Obra, consumir, siguiente. Obra nueva, consumir, siguiente...
Recuerdo en un festival de música el tópico “todos los heavys tienen cultura”. Ahora que soy más adulto puedo asegurar que no es así, que siempre depende de la persona y no a pertenecer a una organización social. Consciente de invertir el dicho, para mí hay mucho borrego disfrazado de un lobo lleno de retales.



En fin, por mi parte seguiré leyendo cómics, perdiendo el tiempo con videojuegos o viendo la serie de moda, ya sea anime o en imagen real. Pero de ningún modo me haré llamar a mí mismo friki mientras siga sintiendo rabia y pena por quienes defienden en serio una conversación donde se discute si es más fuerte Goku o Superman; o el debate del que hablo al principio, formal dentro de su propio género, pero un absurdo desde un punto de vista más sensato.

lunes, 28 de julio de 2014

Imagínate

Imagínate un mundo con miles de fuegos que amparan con luz. Donde hay rocas que flotan al igual que el agua, sin rumbo pero con gracia y sentido.

Imagínate estar rodeado de una nada en constante cambio de forma y color, en unas veces impregnada, otras tantas hueca como a veces sentimos la vida.

Imagínate vida que surge de la nada o formas infinitas que poder analizar cada día. Un camino que de verdad no se acaba y donde se conoce a mentes que nunca pudiste imaginar.

Imagínate poder cambiarte de piel o incluso ser otro. Imagina comprender pensamientos imposibles, aprender con sólo mirarlos o abrirlos en otros.

Imagínate estar volando a toda velocidad, saber dónde estamos a cada momento gracias a una esfera abstracta de dos flechas que apuntan sin sentido, todo lo contrario a una brújula.

Imagínate escuchar ruidos y entender qué dicen, o tropezar con la vista en una deformidad llena de significado. Pintarse el cuerpo sin tocar la piel o moverse de otra forma al avanzar. Coger trozos de realidad y plasmar criaturas e ideas que se hacen reales e inmortales.

Imagínate un mundo donde los deseos se pueden cumplir de verdad. Gracias a su magia se pueden encontrar acumulados por doquier ejemplos y restos de los sueños de otras personas, incluso cogerlos y tocarlos.

Imagínate...

Ahora es cuando yo te digo:


¿Has probado asomar por la ventana?

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